Hermanos de sangre (Capítulo 2: El día de los días)

Bajo el título de "Day of days", pero con el título en castellano (para atraer al público) de "el día D", llegó a nuestras pantallas la segunda ración de la miniserie "Hermanos de sangre". Probablemente por su importancia capital, por ser el bautismo de fuego y por venir a rebufo de Ryan, con ese sello normandiano, estamos ante uno de los hitos de la serie. Un capitulazo, sin duda.

Y eso que la ración dura unos 50 minutos, claramente menos que el debut en la parrilla televisiva. Pero, al igual que esos pobres hombres no tuvieron tregua, "Day of days" tampoco hace prisioneros. Su fulgurante inicio es el equivalente a Omaha Beach de "Salvar al soldado Ryan". Pero aquí tenemos a la aerotransportada recibiendo por todos lados (algo que volveríamos a ver en la sorprendente "Overlord").

A cañonazo limpio, los alemanes les reciben y nos hacen sufrir con ese angustioso salto en paracaídas. Solo es el inicio de una odisea. Los 50 minutos no dan para perder el tiempo en tonterías, pero se podría hacer un largometraje únicamente con esas primeras horas y la odisea de cada cuál por encontrarse. Aquí bastante tenemos con seguir a Damian Lewis y un chico de la Compañía D con el que se encuentra y hacen camino en busca de otros soldados aliados.

El camino nocturno, con el enemigo pudiendo aparecer en cualquier lado, bien merece la pena. También, los amantes de "El día más largo" veremos algunos guiños que ya aparecían en aquella película, como el santo y seña de "Trueno/relámpago" o ese 'click' del grillo para avisar, por la noche, de la presencia de uno mismo. Ya se acuerdan: "un sonido debe ser respondido por dos" (John Wayne, dixit).

Esta aventura tiene momentos bastante determinantes. La relación que forja, pese a su brevedad, el Teniente con ese chaval llamado Hall. No es casual hacer hincapié en ello ya que el posterior desenlace de este personaje marcará un punto de inflexión en el Teniente Winters. Llevar a soldados al combate es una cosa. Ver morir de cerca a alguien a quien has llevado a dicha muerte, tiene que doler.

Otro momento a unir a ese fulgurante y pirotécnico inicio es el encuentro con un americano-alemán, alistado para el combate con el III Reich pese a nacer en USA. Sí, un detalle muy del gusto de Spielberg para tocar la fibra. Esa hermandad con un vecino, pero ahora enemigo, trastocada por una barbaridad. Y es que los 'buenos', también ajusticiaban a prisioneros o soldados rendidos.

El Tour de force final también es otro momento cumbre del capítulo (¿Cuántos llevo?). Por fin la serie se pone seria y entramos en un gran combate. La lucha merece muchísimo la pena y deriva en un asalto a cañones enemigos que inevitablemente nos retrotrae al realismo de "Salvar al soldado Ryan".

"Day of days" es un CAPITULAZO, con todas las letras. En breve tiempo nos transporta por diferentes parajes, de noche y de día y nos lanza (además de en paracaídas) al fragor del combate con la cámara siguiendo, modo Steady, a los protagonistas. Un realismo que nos mete las balas por todos los costados, al más puro estilo Omaha Beach del bueno del Rey Midas de Hollywood.

La batalla está rodada con gran pulso. Desde su preparativo prácticamente improvisado, hasta el acto heroico en sí. Estamos ante el bautismo de la Compañía Easy y el desenlace, con el guerrero sabiéndose salvado (por un día) y rogando tener suerte al siguiente, no hace sino reflejar los miedos de esos tipos ordinarios haciendo algo extraordinario en una época combulsa.

Lo mejor de este capítulo es que, si ya el primero nos hacía hincar el diente al segundo, este avisa de que no parará y no hará prisioneros. Ya estamos de lleno en el combate y en la serie. El objetivo está fijado: Berlín. Y el camino a seguir está claro. Inicialmente por los paisajes de Francia.

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