Tiempo de victoria (crítica)

El día D ha sido revisionado en numerosas ocasiones por parte del mundo del cine. Sin embargo, ninguna propuesta hasta ahora, había abarcado algo tan determinante como la labor del servicio de metereología del bando aliado, clave en el desenlace del (quizás) día más famoso de la guerra.

"Tiempo de victoria" nos muestra en manera breve los entresijos de las horas previas donde la presión de cada individuo en ese Cuartel General en Inglaterra así como la atmosférica son los dos elementos más importantes de la trama. Para ello, su director, Anthony Maras, echa mano de un dúo actoral que mantiene en todo momento el tono del filme.

A un lado del cuadrilátero, Ike Eisenhower interpretado por el antiguo cazador de momias (y hombre de California) Brendan Fraser. Al resucitado Fraser le viene muy bien el papel pero, por encima de todo, Andrew Scott hace suya la película. En cada escena que ese pedazo de actor aparece está descomunal. Desde esa despedida de su mujer, la manera de entrar al Cuartel General, el temple con el que recibe el teléfono para recibir una mala noticia hasta las discusiones con el Alto Mando y con su subordinado (ojito derecho de Ike), el bueno de Scott reparte diferentes rostros de una misma persona.

"Pressure", que es un título en inglés tan bien lanzado por esas dos presiones a las que he hecho referencia, resulta ser una interesante propuesta porque Maras no se pasa de listo. Consciente de que su material daba para ser contado al mundo pero, del mismo modo, consciente de que pasarse en metraje sería excesivo, nos lanza en menos de 100 minutos a las horas previas al momento histórico que decantó definitivamente aquella guerra.

El guion es sencillo, con unos personajes claramente marcados desde el principio. El metereolólogo dispuesto a hacer su trabajo aunque no guste, el que discrepa con él en todo momento, el Mariscal de turno (Montgomery) que quiere desembarcar a toda costa y el que quiere hacerlo lo mejor posible por el número de vidas que dependen de él. "Pressure" va de esa presión que tiene cada uno de los elementos de la película por hacer lo mejor posible las cosas, a la vez que nos habla de esos vientos y lluvias dispuestos a destrozar la fiesta.

La película camina con paso firme, con un plan meticulosamente establecido. Y es de agradecer, ya que el ritmo no decae en ningún momento. Sin poder lanzarse a la acción, pues estamos ante una película de despachos, son las salas y las conversaciones las que nos mantienen enganchados al asiento en la sala de cine y atentos a todo lo que sucede.

Del mismo modo que esos personajes tienen que lidiar con el día D, Maras lo hace con un proyecto arriesgado como el de mostrar entresijos del desembarco sin la gloria y detallismo de "El día más largo" y sin meternos de lleno en la batalla como "Salvar al soldado Ryan". El resultado satisface, pues es diferente a lo mostrado.

Eso sí, para los amantes del género bélico, se guarda un ligero Tour de force final, quizás innecesario, para mostrarnos alguna imagen del desembarco. Con pocos medios, pues la película, repito, va de despachos, pero se deja llevar por las olas para desembarcar a ritmo de ametralladora alemana por las playas de Utah u Omaha.

Nota: 6'5

Lo mejor: Andrew Scott y cómo se mete en su personaje.

Lo peor: Que la escena bélica, vista hoy en día, resulta evidentemente low cost. 

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