Sisu 2: Camino a la venganza

Hace unos años una película finlandesa causó furor en Sitges. "Sisu" era una gamberrada bélica con un Rambo finés liándose a tiros contra un ejército nazi. Al más puro estilo Tarantiniano de sangre y más sangre (y hacerlo todo lo más extremo y salvajemente gamberro posible), la película cumplió las expectativas mínimas sobre qué cabía esperar.

También cabía esperar que hubiese una secuela. Y en esas llegó "Sisu: Camino a la venganza", donde nuestro particular héroe se lía a tiros y granadazos con el ejército rojo, y con un villano interpretado por Stephen Lang. Se ve que en esta ocasión había dinero para una vieja gloria que subiese el caché de la propuesta.

Esta secuela es un non stop de acción. La primera tenía muchos momentos cercanos al Western; esta arranca en una especie de Finlandia de la tierra quemada o postapocalíptica. El Western queda relegado a su inicio con la melodía de fondo. Una vez tenemos al villano en la carretera el ritmo vertiginoso apenas decaerá, al más puro estilo "Mad Max Fury Road".

Precisamente comparte con la grandísima cinta de George Miller una persecución con motos a camión. Es inevitable pensar en la mencionada secuela de la saga Mad Max o —mucho más — en la segunda parte que interpretó Mel Gibson. Sin duda esa persecución es lo más bonito del largometraje gracias a ser un homenaje a tan particular saga.

¿Y el resto de la acción? Veamos: el héroe quiere trasladar las maderas de la que fue su casa para llevar su hogar a la tierra donde vive ahora (ya que donde vivía están los soviéticos). El espectáculo es grotesto, un tanto friki, con escenas cargando las maderas a cuestas, sobreviviendo a ataques aéreos o, incluso, llegando a conseguir rescatarlas del agua y hacerse una balsa.

Este particular Rambo finés entrará en nuestros corazones a base de salvajada tras salvajada. Disfrutando (y haciendo disfrutar) de la sangre, a la par que nos deleita con equilibrismos dignos del circo, como ese tanque cargado hasta las trancas de explosivos para intentar el truco de magia más difícil jamás visto. Todo ello con compañía de perro, para darle más emoción al asunto de intentar sobrevivir.

Es difícil conseguir un final a la altura con tanta emoción y con escenotes míticos del cine más friki (pero con buen gusto). Pero, aún así, ese camino a la venganza con el villano o monstruo final espera en una escena con tren. Sí, los trenes en el cine de acción o bélico dan mucho juego y aquí no podía faltar.

De este modo, "Sisu" vuelve con las pilas recargadas con una película que va mucho más al grano que la primera. Prima el espectáculo y la sangre; lo gore y el frikismo; los trucos de magia y fantasía y el matar el mayor número de soldados rojos (¡ojo! Que todos son más malos que belcebú). 

El resultado final contentará a quienes disfrutaron la primera aventura; yo, que la disfruté pero quizás me quedé algo frío, reconozco haber estado más enganchado a esta nueva propuesta. No por considerarla mejor, sino por ser tan consciente de lo que puede y debe ofrecer para estar al nivel de su predecesora y, en ello, resulta inteligente al buscar nuevas rutas salvajes para el disfrute del personal.

Nota: 6'5

Lo mejor: Que no tiene vergüenza alguna en lo que propone. Va a calzón quitado.

Lo peor: Quitando el suculento envoltorio, no deja de ser más de lo mismo: sangre por sangre.

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