La trama de esta película nos traslada a 1939, donde un cazador británico, de vacaciones en Alemania, ve a lo lejos a Adolf Hitler y comienza a juguetear con poderlo matar. Sin bala, apunta y dispara... Sonríe. No pretende matarlo. Sin embargo, algo en él le hace cambiar de opinión y coloca una bala. Justo cuando va a disparar, un guardia alemán se abalanza sobre él, lo que le hará fallar.
Con esa premisa se inicia la trama donde los primeros 25 minutos y los últimos 25 son de gran intensidad. Su primer tramo, sensacional, nos muestra lo relatado así como su cautiverio siendo interrogado por un oficial alemán dispuesto a justificar la guerra a costa del cazador. Este se negará a firmar una mentira lo que podría condenarle.Posteriormente, tras fugarse a Londres, tenemos un tramo mucho más pausado. Ahí aparece el personaje femenino de turno y la trama suaviza bastante en intensidad y suspense. Si bien vamos contemplando pedacitos del perverso plan nazi para justificar una guerra. Lo que podría ser una historia de amor al uso, tiene su parte de miga y justificación. Pese a ser evidente en la relación, no llegamos a ver un beso. Incluso un guardia evitará posteriomente el momento clímax de beso.
En esa escena, sobre un puente (como en la película "El puente de Waterloo") se rompen los sueños. Precisamente será la última vez que se vea la pareja protagonista, y ese amargo adiós nos hace recordar las numerosas despedidas que hubo en la guerra, de parejas y familias separadas sin saber si volverían a ver a su ser querido. Por ello, es una escena bastante emotiva, más aún si la vemos con el prisma o la perspectiva que tendremos al acabar el largometraje.Fritz Lang, sin hacer una obra ni mucho menos redonda, tiene en ella buenas escenas, con encuadres magníficos. El potente inicio, con ese intento (o no) de disparar a Adolf Hitler o la escena en el tren, con esa persecución por los túneles, dará a la obra la suficiente tensión e incluso acción para mantener al espectador enganchado a su asiento.
El clímax final, también merece bastante la pena. Sí, es Hollywood clásico y los decorados son lo que son vistos hoy en día, pero la escena final con el cazador 'cazado' en su madriguera (una cueva diminuta), sin poder salir salvo que firme el dichoso papel (lo cuál igualmente no evitaría su muerte en manos del oficial alemán), y todo el ingenio (digno de McGyver) para intentar salir airoso de la situación, merecen la pena.Fritz Lang se especializó en el cine negro, en lo que hoy llamaríamos thriller. Por ello, hay escenas realmente potentes en cuanto a intensidad, con alguna que otra lucha cuerpo a cuerpo a puñetazos bastante lograda para la época y los medios. "Man hunt" atrapa como pretenden los nazis atrapar a su presa. Lo hace con ingenio, con un buen guion y un director que sabe en todo momento dónde colocar la cámara y qué pretende captar.
Como no podía ser de otra nanera, es una película propagandística rodada durante el conflicto y, por ello, tiene su clásico discurso antinazi o antifascista. En este caso el protagonista (Walter Pidgeon) con la rabia encima por la situación y lo que ha sucedido amenaza con matar a Hitler y confirma que ojalá hubiese apretado ese gatillo sin ser un juego para evitar toda la serie de fechorías de los nazis.Por todo ello, "Man Hunt" es una gran recomendación de cine clásico bueno que pasa bastante desapercibido o ha sido olvidado. Tiene mucho de cine negro, pero también muchos elementos interesantes para analizar en una película de guerra: la mencionada ración de propaganda, o el hecho de apuntar hacia la fragilidad de los civiles, víctimas indirectas de la guerra. Porque sí, la película es de 1941 y hay que valorar en qué momento histórico se rodó (USA todavía no estaba en guerra) y el valor del mensaje que quiso lanzar al público made in USA.
Nota: 7'25
Lo mejor: Fritz Lang campando a sus anchas en un primer y tercer actos muy notables.
Lo peor: la película decae en interés en su parte central.





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