Frantz (François Ozon, 2016)

A principios de los años 30 y en los inicios prácticamente del cine sonoro un grandísimo cineasta como fue Ernst Lubitsch dirigía "Remordimiento", título que incluí en el Top10 de la temática de la Gran Guerra y que tenía lugar al año siguiente del término de la misma, con un soldado francés viajando a Alemania a pedir perdón a la familia a la cuál había arrebatado un hijo y un prometido.

En 2016 el francés François Ozon se atrevió con un remake (no al uso) de la misma. El resultado es "Frantz", título que proviene del nombre del personaje muerto en combate que sirve de centro de gravedad sobre el que oscilan o deambulan el resto de personas de la obra. Ozon extiende el metraje porque quiere ir más allá de lo que fue Lubitsch.

Para lo bueno...y para lo malo. "Frantz" no tiene el efecto sorpresa para quienes conozcamos el material original; tampoco puede ni pretende competir en narrar los mismos hechos. Ha llovido mucho desde la guerra (a diferencia del anterior largometraje) y es más difícil llegar al público de hoy en día cuando pareces estar hablando de la Prehistoria. Tampoco su extensión ayuda Vs la de un Lubitsch que sintetizó todo en menos de 80 minutos.

Pese a todos esos argumentos, "Frantz" es una buena película porque no se centra en el perdón como único medio por el que avance la película. La obra de Lubitsch tenía en su protagonista masculino el centro de la historia: él era quien había matado a un hombre y sus remordimientos llevaban a desencadenar el resto de la obra; Ozon no parte de ahí, sino del luto y el silencio de la familia de Frantz.

Con su personaje femenino (una inmensa Paula Beer) se inicia la obra, honrando la tumba de su prometido, vestida de luto; y con el mismo personaje concluye, dentro del museo Louvre. Por el camino todo lo que sucede lo hace alrededor de ella, pero tanto el protagonismo del ex soldado francés y de la familia de Frantz tiene suficiente luz como para tener sus momentos. Así, la primera parte de la obra sí se ajusta a "Remordimiento" y tenemos al francés coprotagonizando la obra, por momentos con mayor peso.

Pero lo que Lubitsch era un alegato total a la comprensión y la confraternización en pos de evitar un futuro que se acabaría dando (con el inicio de una nueva guerra) aquí queda su mensaje más disperso. Ozon nos habla de poder disfrutar la vida. Sus personajes sufren cada día por el mismo hecho. Cuando el soldado francés parece haber dado alegría a la casa, estalla la tormenta con la revelación de la verdad.

La prometida de Frantz, no obstante, entiende que la presencia de ese desconocido ha dado luz a la casa y a la familia, y que volver atrás con el fatal golpe que supondría conocer la verdad, solo traería sufrimiento. A cambio, ella decide sacrificarse en un intento de suicidio desesperado. ella conoce la verdad y, por no ver sufrir a la gente a su alrededor, entrará en el mismo juego de mentiras con envíos de cartas entre París y ese poblado alemán.

Apenas superan los 40-45 minutos cuando se desencadena lo que en "Remordimiento" era el clímax. Por ello, Ozon juega a otra cosa, con un segundo acto más cercano a la redención, donde la esperanza y las ganas de vivir juegan un papel importante. No obstante, esto no es Hollywood y la película no tiene el desenlace de Happy End tan al uso. Al contrario, deja a sus personajes prácticamente varados. Y entonces, siguiendo con ese cuento feliz para la familia de Frantz, un nuevo horizonte se aproxima en la vida de esa mujer que es, sin duda, la razón de ser del largometraje.

Como elemento a destacar en la película está el uso del blanco y negro y el color. Casi toda la película está en b/n, dejando el color para momentos sueltos. En algunos casos, el sueño o la ilusión, la esperanza, da color a sus vidas. Con recuerdos de un pasado no vivido por Frantz. En otros momentos, se limita a iluminar la felicidad, como ese paseo entre los dos jóvenes protagonistas cuando el luto queda guardado en el armario.

"Frantz" trata del amor, del desamor, del perdón y del remordimiento (también). Por encima de todo, trata sobre cómo, en ocasiones, no queda otra que tirar adelante. Sus protagonistas viven presos del dolor, y solo liberándose del mismo pueden conseguir pasar página e iniciar una nueva vida. Esa nueva vida que parece vendernos su final.

Como escena a destacar probablemente me quede con el alegato que hace el anciano padre de Frantz en el bar. En una localidad alemana donde el odio a lo francés es inevitable (muchos habían perdido a sus hijos o prometidos en la guerra), este hombre se armará de valor para lanzar un discurso emotivo destacando que en muchos lugares de Francia lloran a sus muertos, y que en Alemania cuando había alguna victoria se celebraban 'los muertos' del otro bando 

Por cierto, aunque el largometraje no tiene más que dos minutos en el frente (el revelador flashback que muestra lo que sucedió en combate), sí contiene un guiño al género bélico y, más en concreto al día D, y es que un poema sobrevuela el primer tramo de la película; un poema que Frantz enseñó a su prometida y que se iniciaba así: "Hieren mi corazón con monótona languidez".

Nota: 7

Lo mejor: La perspectiva que adopta Ozon dando muchísimo protagonismo a la prometida de Frantz para ver desde otro prisma la trama.

Lo peor: mucho frente abierto y una película claramente partida en dos.

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