Onoda (Arthur Harari, 2021)

La II Guerra Mundial tuvo lugar entre 1939 y 1945; sin embargo, hubo combatientes que no dejaron las armas y continuaron en lucha por diferentes motivos. Tal es el caso de Onoda, un militar japonés que estuvo casi 30 años en la jungla de una isla de las Filipinas antes de rendirse por petición del que había sido su superior. Estos hechos se narran en la película "Onoda", que bajo firma francesa estuvo presente en los Premios César en las categorías principales.

Hasta ahora mi recuerdo de un japonés no rindiéndose era en una película de Bud Spencer y Terrence Hill ("Quien tiene un amigo, tiene un tesoro"). Pero aquí la trama se aleja de los manporros y la comedia para mostrarnos un lado duro y amargo de la guerra: el de los perderores negándose a asumir la derrota. Si bien se puede creer que no se rindieron los protagonistas por no creer en lo que les decían, también es cierto que la fé ciega e inquebrantable durante décadas solo es posible por culpa de una ceguera.

Tal ceguera queda plausible y clarividente en la escena en la que los dos japoneses (Onoda y su último compañero de viaje) van lanzando teorías cada cuál más disparatada sobre cómo les están intentando engañar y que, en realidad, la invasión japonesa está muy cerca. La misión para la que habían sido encomendados, podría llegar a su fin. Obviamente es un sueño húmedo de dos personas desesperadas que creen firmemente en lo que les apetece o interesa creer.

Inicialmente son un grupo de 4 los que van sobreviviendo en la jungla. Poco a poco ese grupo se va desgranando ya que la fatiga y la locura hace mella en ellos. No obstante resulta llamativa esa extraña (no) convivencia entre los soldados japoneses y los campesinos filipinos; mostrada en algún que otro tiroteo y en la sangre y muerte, como la de esa mujer que llega a la cabaña donde se esconden y pese a que hay dudas sobre qué hacer con ella y es probable que la maten, los acontecimientos se desencadenan como consecuencia de una mirada lasciva.

Es ahí donde vemos la soledad de estos hombres. Años perdidos del mundo, alejados de cualquier realidad y viviendo su propia vida y película particular en una especie de universo paralelo donde Japón (siempre en su cabeza) continuaba en piede guerra. La desesperación de quienes no han tocado carne de sexo femenino —si bien varios momentos de la trama parecen especular, sin entrar a fondo en el tema, con una posible relación homosexual por supervivencia— se hace cada vez más evidente a medida que pasa el tiempo.

No hay piedad en la historia. Aunque ese final, con esa vergonzosa derrota, con el protagonista caminando rodeado de militares, campesinos, fotógrafos y camino de un helicóptero que le llevará de vuelta a Japón, nos parece recordar que lo que hizo Onoda es para estar orgulloso. Él combatió y defendió a su país sin desfallecer, llegando a la fama más por el récord que podía suponer, que por su desempeño militar.

"Onoda" es una notable película que nos lleva a ese infierno de la guerra. No desde el de los personajes que se quieren quitar la vida por deshonra, ya que no hay deshonra en la mente de quien hubiera dado toda su vida a la causa, sino el de la supervivencia en un territorio hostil, lejos de casaz y donde la soledad y las mil noches en ese paraje pueden a uno volver loco.

Quizás se echa de menos algo más de metraje dedicado al tramo en el que ya no tiene compañeros, ya que la gran mayoría de la película esa soledad se combate con sus compañeros de penurias y combate. De hecho, se acelera bastante, con un buen trozo destinado al apartado de la guerra y apenas los primeros meses o años después de esa rendición que se negaban a creer.

A partir de ahí vamos viendo pasar el tiempo a través de un diario y, llegado el momento de quedarse solo, no hay mucho más, ya que poco después aparece esa persona dispuesta a explicarle todo, conocer su historia, y darle el reconocimiento y cobijo sentimental necesario para ayudarle. Onoda, de pronto, acaba siendo consciente de la situación, si bien únicamente aceptará una orden de rendición de quien le había enviado a combatir a las Filipinas.

Casi 3 horas después de que una voz en off nos advirtiera de qué iba a ir la cosa, "Onoda" echa el cierre con su protagonista principal sobrevolando el agua. En los meses finales de la guerra había sido enviado allí por mar; y por mar (lógico al tratarse de territorio insular) es como logra marchar. A lo largo de las 3 horas el espectador llega a conocer algo más de la psique humana y del comportamiento en épocas duras y extrañas y territorios inhóspitos. Un interesante relato sobre la guerra y sus consecuencias.

Nota: 7'25

Lo mejor: Las penurias que pasan sus personajess y cómo se normaliza el matar/asesinar a alguien.
Lo peor: Pese a que es inevitable por todo el tiempo interno que transcurre, casi 3 horas se acaban haciendo largas si no se contemplan en una sala se cine.

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