Alejandro Magno (Robert Rossen, 1956)

Cierro el periplo de cine histórico a tratar en 2025 (sí, voy una semana tarde) con una majestuosa y grandiosa historia (que no película): "Alejandro Magno", dirigida por Robert Rossen en 1956 y con una emergente estrella como Richard Burton al frente del proyecto.

El largometraje abarca el crecimiento del mito, de ese autodenominado hijo de dioses, sus rifirrafes con su padre, la particular relación que tenía con su madre y todo su ataque a Persia para conquistar el territorio antes de querer llegar donde ningún mortal había llegado y asaltar la India.

Si habéis seguido el orden de factores, os daréis cuenta de que la película propone, en efecto, una biografía del líder macedonio, paso a paso, entrando en las relaciones sociales o personales e, incluso, en la psique del mismo héroe. Quien no haya visto esta película y sí la que le dedicó Oliver Stone pensará: ¿Qué hay de diferente? Pues, así de primeras, poca cosa.

Hubiese resultado interesante poner cara a cara las dos películas, pero los 170 minutos de Stone (que significa piedra) unida a mi experiencia en la sala de cine donde quedé cuadrado y bostezando ahuyentan al más pintado. Por ello, toca quedarse con lo reciente y es que el "Alejandro Magno" de Rossen toca casi todos los mismos palos que la nueva película cuya virtud sería la espectacularidad de sus escasos combates.

Tampoco la de Rossen va sobrada en combates. Pero el cine histórico y péplum de la época funcionaba bastante así, con escenas bélicas cortas y más bien empleadas como transición que como clímax. Algunos momentos me recuerdan a la grandeza de "Espartaco" por cómo están tratados. Y es que el tramo de Persia, previo al desenlace, es lo mejor narrado de esta película.

Se podría dividir en tres fragmentos clave. Por un lado tenemos la relación con su padre y su madre (por separado), posteriormente su llegada al trono y su intento de grandeza atacando Persia. Y, por último, el breve fragmento que anuncia su declive, con la pérdida de control mental, su intento por ir todavía más lejos y el momento en que se da cuenta de su fragilidad tras matar a un amigo.

La pérdida de cordura, la enajenación mental, son los elementos más humanos que aupan a una película cuyo largometraje es difícil de digerir. Parece que el destino de Alejandro Magno en el cine consiste en abarcar toda su gloria entre 130 y 170 minutos, dejando al espectador aburrido ante tantos elementos a tratar.

De hecho, a Rossen o el encargado de montaje se le fue la tijera en bastantes momentos. Quizás cayendo víctima de la necesidad de no alcanzar duraciones extremas (si bien el Hollywood de aquella época no le hacía ascos), o puede que tras un visionado donde alguien alzaría la mano pidiendo clemencia.

Y es que "Alejandro Magno" resulta una historia apasionante, interesante y necesaria de llevar al cine. Sin embargo, reconozco haber pedido el final de la misma por parecerme un tanto lenta y no del todo bien encajada.

Hay brotes verdes, en un Richard Burton que, sin estar ante su mejor papel ni quedarle bien la peluca (tampoco a Farrell le iba bien) mantiene el pulso en todo momento. Su Magno mata con la mirada, y a partir de ahí entendemos algo más al personaje. No es poco.

Fuera del actor principal, la ristra de secundarios (a destacar Fredric March) es inmensa, pero no logra ninguno tener suficiente protagonismo como para aplacar la grandeza de Alejandro. Las escenas de acción no están mal y la ambientación tampoco está mal (fue rodada en España). Pero la sensación en conjunto es de estar ante una película que no está bien desarrollada. Le falta alma, aunque sirva como libro de historia para los que adoran la historia contada según Hollywood.

Me sabe mal cerrar el ciclo de cine histórico con una película de aprobado raspado, lenta y sin mucha acción. Pero ya estaba avisado cuando ves que una película protagonizada por Richard Burton sobre Alejandro Magno, y rodada en una época dorada de Hollywood, no tenía repercusión alguna. Nadie recordará a Alejandro Magno por sus películas. No es grave, mientras los libros de historia lo recuerden, pero es una pena.

Nota: 5

Lo mejor: Las relaciones tóxicas que rodean a la divinidad del personaje.

Lo peor: El ritmo, el montaje... No parece sobrar nada, pero parece faltar un poco de todo.

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