Cinco tumbras al Cairo (Billy Wilder, 1943)

Hoy toca lunes de #HoyEligesTú, y la elección que votó el público sobre el clásico rodado durante la IIGM fue "Cinco tumbas al Cairo", por encima de las otras candidatas con firmas como la de Hitchcock, Wellman o Renoir. La película de hoy la firma el grandísimo Billy Wilder, si bien se trata de uno de sus primeros largometrajes. Eso sí, apenas par de años después estrenaría "Perdición", una de las grandes del cine negro. Casi nada.

En "Cinco tumbas al Cairo" nos adentramos en una película de espionaje con el mismísimo Rommel de protagonista. La acción nos traslada a un hotel en un pequeño pueblo en el desierto de Egipto, con el Afrika Korps venciendo en la campaña del Norte de África. Un tanquista británico, superviviente de una batalla llegará a dicho hotel justo antes que los alemanes y se verá obligado a hacerse pasar por un sirviente o botones que, en realidad, había fallecido la noche anterior y trabajaba como espía para los alemanes.

Con ese inicio y la premisa de descubrir dónde esconde Rommel (interpretado por Von Strohein) sus provisiones para doblegar al enemigo, se entretiene al espectador con uno de esos títulos clásicos propagandísticos. Si bien al centrar su trama en el espionaje y, por ello, cercana al cine negro que dominaba la cartelera por aquellos años, lograba impregnar la obra de un interés mucho más artístico que propagandístico. 

No estamos ante el mejor Billy Wilder ni de lejos. Pero se veía el arte del director para el suspense (curiosamente acabaría siendo más conocido por sus comedias) en los momentos en los que la película requería de ello. El plano donde se descubre el cuerpo sin vida del espía auténtico, o esa pelea que concluye con un tiro fuera de plano dejando al espectador la duda de quién habrá muerto y quien sigue vivo, duda que se resolverá con una linterna enfocando al fallecido.

Son solo algunos de los ejemplos que hacen que "Cinco tumbas al Cairo" sea un relato interesantísimo (y nada extenso) para quien quiera descubrirla. Hoy en día se vería muy sencilla la manera en que se destapa el plan de Rommel, pero en su época era un buen ejercicio de cine de espionaje. Además, el director ofrecía el interés necesario con pequeños detalles que parecerían carecer de importancia pero que resultaban claves, como la compra de ese paraguas para la mujer francesa a la que el británico le deberá la vida y mucho más.

Von Strohein hace un Rommel poco creíble para lo que históricamente se consideraba al Mariscal de Campo. Sin embargo, estamos en 1943 y, por mucho que tuvieran al líder del Afrika Korps cierta estima como brillante estratega, tocaba pintarlo como un nazi (además, todavía no había participado en la Operación Valkiria), el líder nazi por excelencia en ese frente. De ahí que el actor le de un tono casi aristocrático, como si fuese un ser superior intocable y al que no se puede acercar nadie.

Tenemos la presencia italiana pero, como es costumbre, son pintados como unos antisoldados más pensando en la música y la comicidad, con ese oficial de alto rango muy estereotipado y cómico al servicio del mandamás Rommel. Todo sea para diferenciar a una Italia que en 1943 estaba ya de vuelta de todo y dividida del auténtico enemigo en África: la Alemania Nazi.

No hace falta decir que como muchas de la época hay un final feliz, si bien en este caso un tanto agridulce, ya que la misión principal ha sido un éxito y los aliados están expulsando a los alemanes gracias, en gran parte, a ese tanquista que ejerció de algo así como agente doble. Pero por el camino, lo que podría haber sido una historia de amor se va al traste. Eso sí, Wilder lo hace de una manera muy elegante, sin entrar en la propaganda burda y dura, y con los planos necesarios para que el epílogo no sea excesivo.

Estamos ante una película entretenida y diferente. Una de esas que parecen estar olvidadas, pero que de calidad no quedan tan lejos de las grandes obras que parió el cine bélico durante la contienta. El sello de Billy Wilder, por menor que pueda ser esta obra primeriza, está ahí. Y ese es el mayor valor y la mejor carta de presentación de una notable película.

Nota: 7

Lo mejor: Que con un nudo sencillo, Wilder genera suspense en gran parte de la obra.

Lo peor: Que en este caso el toque propagandístico, más que favorecer en el acabado, lo afea ligeramente.

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