La película la dirigió un ilustre de aquellos tiempos como Edward Dmytryk, y la protagonizaron estrellas del calibre de Humphrey Bogart, Van Johnson, Jose Ferrer y Fred MacMurray. Tuvo el reconocimiento de público y crítica, siendo un exitazo y obteniendo 7 nominaciones a los premios de la Academia, incluido a Mejor Película y Mejor Actor para Bogart.
Más centrada en el drama militar y judicial que en el ámbito bélico, "El motín del Caine" nos sitúa a bordo de un dragaminas durante la II Guerra Mundial mostrando los diferentes tipos de caracteres entre los oficiales de a bordo. En un principio el protagonista principal parece un joven oficial recién llegado a la guerra y con el ideal típico del que sabe la teoría pero no la práctica.Será, sin duda, un personaje clave a pesar de que el protagonismo acabe derivando en Bogart y Johnson. Pues su imagen de lo que debe ser un oficial irá variando a medida que descubra que el que él cree un hombre de los pies a la cabeza acaba siendo un cobarde que desquicia a toda la tripulación hasta el punto de ponerla en peligro.
El combate quedará claramente en segundo plano y apenas veremos una escena de tal calibre resuelta con sencillez, puesto que el presupuesto no estaba destinado a lo que sucediera fuera, sino dentro del escenario, ese dragaminas que ocupará el 75% de la película. El 25% restante está destinado al juicio por amotinamiento de dos de los oficiales a bordo.Cada tramo de la película tiene algún momento clave. Primero mostrando los avatares con el anterior oficial al que todos adoran. Después, una vez con Bogart, el entrenamiento de puntería, la misión de combate y, por último, la tempestad. Cada una de ellas supone una vuelta de tuerca más apretando a una tripulación hastiada, lo cuál derivará al momento en que el personaje interpretado por Van Johnson decidirá asumir el mando.
"El motín del Caine" es un entretenido espectáculo dispuesto a poner en el espectador la duda de cómo funcionan los estamentos militares y si es de recibo o no 'amotinarse' en casos extremos. El inicio del juicio pone a los dos amotinados casi en la horca. Lo que para el espectador es una causa lógica y bien defendida queda indefensa a ojos de un tribunal militar dispuesto a acatar las órdenes y la jerarquía. Esa indefensión para quienes han actuado de buena fe es la punta de lanza del debate generado tras el visionado de la obra.También sirve para poner de manifiesto que todo buque está en manos de un jefe. Donde digo buque pongamos cualquier cosa, incluso una empresa, y sus decisiones tienen consecuencias sobre el resto de mortales a bordo. Las decisiones pueden ser correctas o no, se pueden dudar de ellas, pero como máximo responsable que es, debe asumir los resultados. Y el resto del equipo, remar según sus órdenes. El debate se genera cuando dichas órdenes son disparatadas o se duda de quién tiene el mando.
Cual capitán Acab buscando a "Moby Dick", el personaje de Bogart pide esfuerzo y sacrificio a la tripulación que no creerá en él. Es un tema que en el cine hemos visto a posteriori a bordo también de otros navíos como los de "Torpedo" o "Marea Roja" con Lancaster vs Gable o Washington Vs Hackman, duelazos actorales que quizás superen al aquí mostrado. Si bien el personaje de Bogart, pese a no abusar de minutos en pantalla, se hace amo y señor de la película desde su primera intervención.El resultado es un drama militar ambientado en la IIGM que resulta ser estimulante en cuanto a que la manera de narrarlo y su duración no son excesivas, todo lo contrario. Se va al grano y únicamente los apartados 'en tierra' del joven protagonista desentonan con el resto del tono de la película. Estamos ante un notable Dmytryk, respaldado por un muy buen reparto y un Bogart que lidera la película con maestría. La misma maestría con la que su personaje desquicia hasta al marinero u oficial más afín al reglamento. "El motín del Caine" pone sobre la mesa la pregunta: ¿Se debe obedecer a un superior y cumplir todas las órdenes en todo momento?
Nota: 7'25
Lo mejor: Bogart y el reparto en general.
Lo peor: En el tema judicial es un tanto amable y buenrollista para lo que puede ofrecer.


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