El precio de la gloria (Raoul Walsh, 1926)

Este 2023 me he propuesto ir saldando algunas deudas que tenía pendientes con el cine bélico. Y una de ellas era visionar por primera vez este clásico del cine mudo dirigido por el director más belicosero de todos los tiempos: Raoul Walh, protagonizada por un hombre posteriormente fordiano como Victor McLaglen y que tuvo como uno de los operadores de cámara a un tal John Ford. Ford que, años más tarde, realizaría un remake de esta misma película: "El precio de la gloria".

Toca, en primer lugar, ubicar la película dentro de la extensa filmografía bélica. Hablamos de 1926, cine mudo y cine bélico en pañales. Sin embargo, un año antes había llegado la primera gran obra sobre la guerra: "El gran desfile", de King Vidor. Y el éxito de la misma (más que el drama "Los cuatro jinetes del apocalipsis") sirvió de punto de partida para que Fox siguiera los pasos de MGM en busca de una gran película bélica. Para ello contó con un emergente Raoul Walsh en la dirección, y se basó en una obra de teatro del mismo título.

La trama, que a algunos os sonará si habéis visto el remake de John Ford de principios de los cincuenta, se centra en la lucha de dos hombres: un capitán y un sargento mayor, por el amor de una mujer. Sí, señores, hace un siglo de esta película y su trama es bastante básica como es lógico. No solo eso, sino que bebe mucho de la época en la que fue parida y el papel de la mujer (interpretada por Dolores del Rio) es, básicamente, el de mujer florero. Eso y la sensación durante todo el filme de que las mujeres francesas que acogían a los héroes americanos durante la Gran Guerra eran un poco... ¿sueltas?.

Una película que hoy en día no tendría cabida en una sala de cine por el machismo que impera en esa lucha entre los dos hombres. La mujer, lejos de saber escoger con quién quedarse, parece limitarse a contemplar como se pelean por ella y cómo se llega al límite para flirtearla. Mezcla de romance y cine de humor, la película rehuirá (al ser una obra de teatro) del entramado bélico durante gran parte de la propuesta. Es ese motivo, y un remake que no me había convencido, el que me echaba para atrás en las ganas de ver la película.

Pero, pese a esa ideología que hoy en día resulta difícil de aceptar, se esconde una más que correcta producción sobre amor en tiempos de guerra. Y que ponía las bases, en cierto modo, en esos triángulos amorosos que tanto cine romántico han dado al cine. También, dicho sea de paso, y aunque "El gran desfile" también abusaba de ello, hacía hincapié en la necesidad de la presencia femenina en películas de guerra. No como beligerancia activa, sino para rellenar o dotar de trama al intento de mostrar la guerra. Por suerte llegaría "Sin novedad en el frente" para demostrar que otro cine bélico era posible a nivel exitoso.

Resulta curioso y fascinante ver como Walsh dirige y monta las únicas dos escenas bélicas del film. Con crueldad, nos mete en el barro y la película tiene sus cinco minutos (contando ambas partes) de puro cine bélico. Muy bien rodado para la época y que no llega a hacer prisioneros. Se olvida de que está haciendo una comedia dramática y nos mete de lleno en la guerra. Ya lo había hecho Vidor, quien tras el humor y el amor ofreció algo más de media hora bélica maravillosa. Walsh aquí se queda corto de metraje, pero ahí están escenas como la de hombres sepultados en una trinchera al estallar un proyectil cerca.

Sin embargo, no queda claro el mensaje de la película en una bipolaridad muy pocas veces vista en el cine. Si nos atenemos al intento realista de la parte bélica, unido a esas frases escritas (recordemos que se trata de una película muda) que filosofan sobre la crueldad e inutilidad del combate, estaríamos hablando de una película pacifista y antibélica. Ahí está el mensaje, ahí está ese chaval que escribe a un familiar y no volverá del combate, ahí está la denuncia en boca (o letra) del capitán Flagg, y ahí está también esa desidia con la que el capitán hace amago de renunciar a volver al combate cuando es informado de que debe volver al frente con su regimiento. Un hombre hastiado de la guerra. Si bien este último caso, mezclado con su derrota en el amor, pueda tener algo de influencia.

Pero cuando Walsh parece haber dotado a su película de un mensaje más cercano al antibelicismo, enarbola la bandera patriótica y ese mensaje proMarines que se iba dejando caer durante las casi dos horas de película y queda totalmente desnudo, indefenso, sin poder justificar lo que sucede en su final de la película. Con la trama amorosa aparentemente resuelta, suena el toque de corneta que avisa a los marines de que deben volver al combate. Y el capitán Flagg, reacio en un principio, acabará escuchando la llamada a los marines y, orgulloso que no le cabe el uniforme en el pecho, bajará las escaleras y marchará hacia el combate. Tras él, le seguirá un cojo (por herida de guerra) sargento Quirt.

Rivales en el amor, y ya bastante enemistados desde años atrás como muestra el prólogo de la película en las islas Filipinas, Flagg y Quirt marcharán al combate. Será el propio capitán quien, pese a haber querido matarlo en la escena anterior por el amor de una mujer, ayudará al lisiado a marchar al frente junto al resto de las tropas. Esa tonadilla de los Marines... y ese compañerismo entre dos personas que se odian inunda la pantalla de un mensaje más cercano a lo probélico y al patriotismo. No obstante, no se puede ocultar que el resto de la película trata sobre la romántica idea de que en el Ejército se puede enamorar a las muchachas del país al que vayas destinado. Esa aventura de que, con uniforme, se puede ligar.

Ese sanbenito que no se quitará el cine bélico en toda su historia, y que llega hasta nuestros tiempos, con historias de amores furtivos y fugaces, romances imposibles... todo sea por meter una trama amorosa en medio del horror de la guerra o del heroísmo de algún héroe de acción. Walsh acabará la película con esa bipolaridad hasta el límite, cuando Charminne, que ve marchar a sus dos hombres, dirá (nuevamente con intertítulos) que "ya han vuelto dos veces, no volverán una tercera vez". Ese cenizo mensaje, muy negativista, será la última frase de la película. Un mensaje que quedará diluido entre ese avance de los marines, orgullosos, camino de la guerra, del combate... ¿de la muerte?

En resumen, "El precio de la gloria" tiene un título que parece hacer mención al heroísmo, pero que centra casi todos sus esfuerzos en mezclar humor y romance con un mensaje que el paso del tiempo lo ha convertido en arcaíco. Envejece mal, como envejece mal esa bipolaridad pocas veces vista de una película que no acaba sabiendo qué camino tomar: Si el del patriotismo y enaltecimiento del estamento militar, o el de la denuncia a la guerra. King Vidor había tenido el mismo problema, pero la media hora final de "El gran desfile" dejaba más la sensación del idealista que se da de bruces contra la realidad, mientras que Walsh parece hablarnos del idealista que, pese a horrorizarse con los campos de batalla, seguirá fiel a sus principios románticos de aventuras y romanticismo. Es una buena película como descubrimiento histórico. Pero, poco más.

Nota 6:

Lo Mejor: Las escenas bélicas y el antibelicismo posterior a cada batalla.

Lo Peor: Que no sepa ubicarse dentro de todo lo que quiere contar.

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