La gran prueba (William Wyler, 1956)

Cierro el ciclo dedicado a la Guerra de Secesión con el título pendiente más mítico que me quedaba por ver: "La gran prueba", obra del multioscarizado William Wyler, que produce y dirige este drama con tintes bélicos (rezagados a su parte final) sobre una familia de cuáqueros en Indiana. La película está basada en la prestigiosa novela de la dramaturga Jessamyn West, cuyo título "Friendly persuassion" da título a la película en su idioma original.

Wyler, que ya tenía par de Óscars en su haber de la década anterior ("La señora Miniver" y "Los mejores años de nuestras vidas") se interesó por llevar al cine la novela de la mencionada autora, y junto a su hermano Robert se puso manos a la obra para producir y llevar a la gran pantalla la novela. Hasta ocho años tardó el proyecto en ver la luz, entre los cuales Wyler dirigió algunos largometrajes de la talla de "Vacaciones en Roma" o "La heredera". Inicialmente Paramount se iba a hacer cargo de una producción que alcanzaría los 1,5 millones de dólares de la época. Pero la prestigiosa productora acabó borrándose y fue la Allied Artists Pictures quien aceptó la propuesta de Wyler.

El siguiente paso era llevar la novela a un libreto o guion cinematográfico. Para ello se contó con Michael Wilson, autor marcado con una gran "Equis" por su pasado comunista, que ya había realizado en esos años 50 buenas adaptaciones y que con posterioridad escribiría guiones como el de "El puente sobre el río Kwai" que le deparó un Óscar que no recogió, al no haber podido firmar el guion, pero que le sería reconocido en los años 90. Por desgracia, Wilson ya había fallecido para entonces. Entre sus guiones "no firmados" que le depararon fama y alguna que otra nominación al Óscar también se encontraría el de "La gran prueba".

Para el rol principal se contrató a Gary Cooper, actor cuya fama procedía de los años 30, pero que con su segundo Óscar por "Solo ante el peligro" acrecentó su leyenda, interviniendo en los años 50 en producciones de muy bella factura, como esta película de Wyler. Cooper debía interpretar al padre de familia, un hombre que, como buen cuáquero debe esquivar y huir de la tentación de la lucha y el combate. Sobre todo, de matar. Pero, al mismo tiempo, su personaje tiene piques con un vecino por ver quien llega antes a misa, y otro tipo de menesteres que si bien no implican violencia, sí denotaban un carácter competitivo.

Lo más difícil del papel de Cooper era esa rabia e ira contenida. Un personaje que observa todo lo que sucede alrededor pero que mantiene la templanza, como si no fuera con él la cosa. Y esa tranquilidad la traslada a la perfección al personaje. Destacando el momento en el que decide coger un arma e ir en busca de su hijo perdido. Es uno de los planos de la película, con ese arma cogiendo mucho protagonismo y, posteriormente, Cooper en ese momento previo al abismo. Pero su personaje, como el resto de protagonistas de la película, mantiene su fe intacta. Incluso el único de la familia que llegará a matar, el hijo mayor interpretado por un por entonces casi debutante en el cine Anthony Perkins ("Psicosis") tiene cierta aura de perdón o justificación. Él lucha por su familia, por su tierra, aunque su familia no lo comprenda.

De hecho, Perkins obtuvo su primera y única nominación al Óscar gracias a esta película, como mejor Secundario. Sí, por "Psicosis" no le dieron ni las gracias. La película obtendría una gran fama y repercusión y, pese a alcanzar los 3 millones de dólares de presupuesto, lograría recaudar casi 10 millones en Estados Unidos, y unas buenas críticas que la catapultarían a la carrera de los Óscars. Hasta seis nominaciones: Película y Director para el propio Wyler, Actor Secundario, Guion adaptado, Sonido y Canción Original. Esta última nominación recaería en el compositor Dimitry Tiomkin, que firmó una sobria pero notable BSO para la película a la que añadió ese tema original que suena al principio y que le deparó una de sus múltiples nominaciones al Óscar.

Además de la película, el propio Tiomkin se iría con las manos vacías de una gala de los Óscars, pese a llegar con dos nominaciones (fue nominado a Mejor BSO por "Gigante"). Señalar que un género al que le dio mucho fue el Western, en el que logró un doblete en los premios de la Academia (BSO y Canción) por "Solo ante el peligro", y al que compuso obras como "Rio Rojo", "Duelo de titanes", "Rio Bravo" o "El Álamo" (sí, hoy la aceptaré como Western). También esta "La gran prueba" ha solido aparecer en ocasiones mezclada dentro de un género del que bebe bastante, pero al que no pertenece. Estamos ante un drama con la guerra de fondo. Ni es una película bélica, ni un Western, si bien tiene de ambas cosas.

Pero lo que sí tiene "La gran prueba" es un mensaje pacifista incrustado a lo largo y ancho del metraje. Una película sobre una familia y un tipo de vida pacifista en medio de la vorágine de una guerra que se avecina y que empujará a todos a su interior. De esta manera el hijo mayor se verá obligado a tomar una difícil decisión de si seguir a su familia y ser tachado de cobarde o defender sus tierras; sus padres se verán igualmente arrastrados a tener que lidiar con esa situación. E incluso su madre, pese a no comulgar con los confederados, les otorgará toda su hospitalidad... y su beligerancia cuando intentan acribillar a la mascota de la familia.

Desde los primeros 10 minutos se ve de qué irá la película. Un drama familiar donde la misa es sagrada, donde la jerarquía familiar está clara y donde el tipo de vida, mucho más cristalino. Y donde un ganso como mascota y el pequeño de la familia ofrecerán algunos momentos distendidos para el espectador. Al igual que Cooper entre sobriedad y seriedad debe dejar escapar gags cómicos en los mencionados piques de carreras de caballos. Carreras que poco tendrán que ver con la majestuosa obra de arte que Wyler firmaría pocos años después en "Ben Hur".

Esa amabilidad y simpatía no se perderá de la película, hasta el punto que pese a la dureza de la situación y la guerra, la obra acaba siendo amable con el espectador de principio a fin, obteniendo una merecida tregua. De hecho, un pero a la película es que en todo momento parece llevar camino de un happy end que implica que los momentos de mayor dramatismo o tensión, muy bien rodados y narrados pierdan cierto factor sorpresa. Todos excepto ese disparo a Cooper que llega a quitar el hipo cuando observamos que le sale sangre de la cabeza. Y hasta ahí puedo leer.

A destacar dos escenas por encima del resto. En primer lugar, la de Anthony Perkins, el hijo de la familia, ante la difícil decisión de su vida. Vemos como se tumba en la cama y su madre le pide que rece. El siguiente plano muestra a los padres de familia sentados en el comedor cuando se escucha abrir una puerta que viene de arriba. Los padres miran hacia la escalera y allí, poco a poco, va descendiendo el joven. Wyler nos muestra las piernas y la escopeta. Y eso es lo único que ve el espectador inicialmente. Y, probablemente, lo mismo a lo que mira con temeridad y tristeza la madre (Dorothy McGuire). No nos hace falta más para saber cuál es la decisión.

Resulta fascinante observar como Wyler logra en dos escenas dotar de peso dramático y protagonismo a una escopeta sin necesidad de que abarque toda la pantalla. Nuestros ojos irán a ella al ver bajar a Perkins... o cuando Cooper debe recoger la suya de donde la guarda para situaciones límite, como lo es haber perdido a su hijo en el fragor de la batalla. Precisamente la segunda escena que destaco es la de Cooper en plan "perdonavidas" con quien instantes antes ha intentado matarle. Es el claro mensaje antibeligerante, de compasión, de piedad... de no querer matar, que persigue la película en todo momento.

Algunos críticos achacaron falta de momentos bélicos en la película. Únicamente hay uno, pero sorprende ver como para una trama que esquiva la guerra como la pretenden esquivar sus propios personajes, la secuencia bélica tiene el suficiente peso e importancia como para destacarla de entre las más de dos horas de película. Es el instante en el que el joven protagonista deberá luchar por su vida. Ya no hay vuelta atrás, y a su alrededor se desata el mismísimo infierno. Toca disparar, él lo sabe... y dispara.

"La gran prueba" da nombre a esa prueba de fuego que deben pasar sus protagonistas. Como si fuera la prueba del algodón. Desde una madre cuyo hijo marcha y debe cuidar de los suyos ante la llegada de los confederados; la de una hija cuyo romance se verá abocado a la contienda; la de un joven dispuesto a ir contra las normas de su religión por luchar por su tierra; y la de ese patriarca que debe mantener el equilibrio y la paz espiritual en las situaciones más límite. Todo ello incrustado en un drama rural en toda regla. El film de Wyler es eso, un drama más cercado a "Las uvas de la ira" y otros títulos de época, mucho más que el Western al que algunos quieren ubicar o el cine bélico por el que pasará de puntillas y por obligación.

Nota: 7,25

Lo Mejor: El rifle como protagonista de algunas escenas. Wyler haciéndose grande en un drama rural en el que cuesta mucho que suceda algo.

Lo Peor: Ese carácter tan amable de toda la película, que por no querer romper un plato, no lo rompe ni cuando la película y sus personajes parecen abocados a la tentación y al infierno.

Comentarios

Formulario de contacto

Nombre

Correo electrónico *

Mensaje *