Clásicos Escondidos IV: "Y Dios está con nosotros" #MaratónBelicosero

Dentro de este largo confinamiento en casa bajo el que he creado el hashtag #MaratónBelicosero he aprovechado para ver una rareza bélica e incluirla dentro de la Sección #ClásicosEscondidos. Recordad que lanzo la sinopsis y algunos detalles de una producción bélica, y tenéis todo el día para intentar acertar el título de la película en cuestión. A la noche del primer día de publicación, colgaré el título real del film, así como los actores principales de la misma. El título ficticio del largometraje expuesto hoy es: "Consejo de guerra".

La Producción
La época gloriosa del cine bélico dio paso a un cine de misiones suicidas que tuvo en Italia su derivado en versión de Serie B. Tras el Spaghetti Western, el país transalpino dedicó esfuerzos a todo tipo de producciones de menor coste, como la aquí presente, rodada en dicha época. Para ello contó en el reparto internacional liderado por un rostro conocidísimo del Spaghetti Western italiano, y entre sus secundarios también nos topamos con cierto ex nadador italiano convertido en actor de éxito en la década de los 70 y 80. De hecho, esta producción en cuestión llegó el mismo año de uno de sus grandes éxitos (pista clave).


Sinopsis
corre mayo de 1945. La II Guerra Mundial está llegando a su fin y el ejército alemán, desmembrado, comienza a sufrir deserciones. Esta es la historia de dos hombres que intentaban sobrevivir al final de la guerra, huyendo del infierno, vistiéndose como civiles, pero acabando en un campo de prisioneros alemanes en Holanda. Los carceleros, el ejército canadiense. Ahí, un miembro del ejército aliado les acogerá (se presentan voluntarios) como ayudantes para cocina.

La guerra está a punto de terminar, pero ello no impide que el oficial alemán de mayor graduación castigue a latigazos a prisioneros que, sin su consentimiento, han intentado escaparse. Mientras sean soldados alemanes, se deben a su uniforme. Esa férrea disciplina hará que todos los prisioneros alemanes comulguen con él y sigan siendo fanáticos defensores del ejército del III Reich.

En un momento dado, el oficial alemán se entera de que dos prisioneros alemanes están trabajando para los aliados, y reclama que sean puestos a disposición del resto de prisioneros. Al aparecer sin su uniforme de soldado alemán, se les hará un primer interrogatorio para saber si son desertores o no. Acaban llegando a la conclusión de que así es, y esos dos pobres infelices serán enviados a juicio militar, donde serán acusados de desertores de manera oficial y condenados a morir fusilados.

El oficial alemán al mando pedirá, entonces, que el ejército aliado les deje fusiles para acometer el castigo, algo a lo que el capitán al mando del campo se negará rotundamente. Al volver de un pequeño viaje, de noche, contemplará como los prisioneros alemanes se han amotinado y sentados golpean lo que tienen a mano para provocar todo el ruido posible. El capitán canadiense decidirá apresar al oficial alemán y, tras avisar al resto de prisioneros, ordena disparar (sin tirar a dar) para que estos acaben asustados, entrando en sus barracones.

La situación parece controlada pero hace acto de presencia el general. En el despacho del capitán canadiense, tienen una conversación clave en el devenir de los dos desertores. El general le recomendará (sin pedírselo) que lo mejor para mantener el respeto de los oficiales y de los prisioneros, consiste en impartir la justicia militar por encima de todo. La guerra ya ha terminado para entonces, pero ello no impide que los alemanes clamen justicia y que sus dos hombres sean fusilados.

Al amanecer del 13 de mayo de 1945, cinco días después de acabar la guerra, un destacamento canadiense acompaña a prisioneros alemanes a un descampado. Una vez ahí, atan a los dos prisioneros acusados de deserción y entregan sus fusiles, con una bala cada uno, al pelotón de fusilamiento alemán. La ejecución se consuma. En el campamento de prisioneros, el capitán, ascendido ya al rango de Mayor, informa al cuartel general de que en el campamento todo está controlado.

Escena clave
La tensión en la película va in crescendo hasta llegar a la escena del amotinamiento. Los prisioneros se niegan a abandonar su puesto, sentados haciendo ruido. Y tras un primer aviso, no queda más remedio que ahuyentarles. Los prisioneros condenados a muerte celebran la decisión de los carceleros que disparan a los prisioneros, y se niegan a entregarles las armas ("no os han entregado las armas, pero sí las balas" dirá el personaje principal)

Tras este momento, que parece el clímax de la película, aparece en escena el General aliado de turno y lanza un discurso al capitán al mando, donde le señala que "no es suficienta ganar la guerra. Ahora toca ganar la paz", y "El enemigo de hoy puede ser el aliado de mañana"; Al mismo tiempo, destacar que se juegan mucho en esta decisión, ya que lo que representa el uniforme y los galones es muy poderoso. Se debe infundir respeto, un respeto que toca ganar, incluso para oficiales que se han rendido. Dejar claro que en  todo ejército, hay normas, y dichas normas deben cumplirse.

El Capitán, que será ascendido al término de la conversación a Mayor, en claro ejemplo de como funciona la jerarquía militar, acabará por no saber qué decisión tomar. Sin embargo, ya la han tomado por él, ya que la única manera de infundir dicho respeto es cumpliendo con el estamento militar y condenar a esos dos pobres infelices a una muerte anunciada, a pesar de que son prisioneros de guerra... una guerra que ya ha terminado.

Crítica
Producto italiano de Serie B que se deja ver pero que no va mucho más allá. Está basada en hechos reales, detalle de importancia, pero no deja de ser un drama carcelero donde exceptuando su media hora final, es un producto de cierta calidad baja. Y eso que la banda sonora está firmada por uno de los más grandes compositores del mundo del cine.

El cine bélico italiano de aquella época era lo que era, producciones de bajo coste, y esta no se libra de ello. Aún así, es interesante ese duelo moral que se desprende entre los diferentes protagonistas. Desde el oficial aliado al mando, de unos principios y ética potentes y seguro de sí mismo, dispuesto a impartir justicia en un mundo de locos... hasta el oficial alemán, rudo y cuadriculado, capaz de impartir justicia incluso con la guerra terminada. En medio de esa vorágine en el infierno, un general que tiene claro como se hace un oficial y qué métodos debe seguir sin importarle los seres humanos.

La producción tiene, como digo, en ese duelo moral, su parte más interesante. Sin embargo, el ritmo de la película así como el bajo presupuesto de la misma hacen que el producto no pase de ser algo carne de cine matinal de la 2 o de esas producciones de escasa calidad que se emiten a primera hora de la tarde. Pasable, diferente a otro tipo de películas, pero prescindible.

Y el título de la película es...
"Y Dios está con nosotros", dirigida en 1970 por Giulano Montaldo. Pero, sin duda alguna, los rostros conocidos del proyecto están en el reparto y tras la Banda Sonora. Franco Nero (Django) es uno de los infelices protagonistas, mientras que en un rol secundario tenemos al mismísimo Bud Spencer, que ese mismo año estrenaría "Le llamaban Trinidad". La música la firma un tal... Ennio Morricone.


Nota: 5,5
Lo Mejor: El duelo moral entre los oficiales al mando.
Lo Peor: El ritmo de la película, lento y sin suficiente punch para enganchar al espectador.

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