Estación Polar Cebra (John Sturges, 1968)

Hoy toca nueva ración de #AventurasSubmarinas, la refrescante sección del verano. Y en mi afán por alternar la II Guerra Mundial en el Atlántico con otros conflictos, hoy toca una de submarinos nucleares en plena guerra fría: "Estación polar cebra", dirigida por John Sturges ("La gran evasión") en 1968, y que contó con una superestrella de la talla de Rock Hudson para el papel principal.

La película está basada en la obra de Alistair MacLean, autor de, entre otras "Los cañones de Navarone" o "El desafío de las águilas" y que ha visto como numerosas de sus obras han llegado a la gran pantalla. Pero no toca hablar de él, que ya tendrá a su debido momento una merecida entrada, si no de la película que Sturges dedicó en 1968.

Para entonces, la crisis de los misiles de Cuba ya había pasado, pero la Guerra Fría continuaba en su máximo apogeo, con las dos fuerzas cargándose armamentísticamente y buscando las fisuras del enemigo, en una guerra en muchas ocasiones psicológicas. En esa tesitura se nos lanza la historia ficticia de "Estación Polar Cebra".

Una misión encubierta desde el primer momento. Se nos enseña como un satélite ruso cae en el Polo Norte, y el aviso de las coordenadas del mismo, tanto desde una base soviética como desde una norteamericana. Ambos saben dónde ha caído el aparato y ponen de su parte para alcanzar ese destino. El punto más cercano, la Estación Polar Cebra, una base civil dedicada a la metereología y dónde, curiosamente, se lanza una petición de auxilio.

Esta será la excusa y detonante para que Rock Hudson, a bordo de su submarino, sea enviado con el pretexto de recoger a los posibles supervivientes. En todo momento, eso sí, se le dice que la auténtica misión es otra, de la que no tendrá noticia alguna, simplemente le comentan qué tripulantes recibirá a bordo. Entre ellos, dos espías, uno de ellos soviéticos pero que trabaja del bando aliado (protagonizado por Ernest Borgnine).

Aunque cuando analizo alguna película destripo muchos engranajes de la misma, aquí procuraré no comentar algunos posibles giros de guión. Basta con decir que, como es lógico, alguien a bordo está intentando boikotear la misión, centrándose la trama en los dos espías y un oficial militar, porque en el submarino, como si fuera el arca de Noé, resulta haber todo tipo de especies militares: marineros, espías y soldados. Todo preparado por si tocara enfrentarse al enemigo soviético en el Polo Norte.

Aventuras Submarinas

La primera parte de la película es la que se centra en exclusiva a las aventuras submarinas. Con un guión lo suficientemente sólido como para no perder detalle e ir conociendo de qué pie puede cojea cada uno de los personajes, el film avanza mostrándonos la vida a bordo de un submarino nuclear, que si bien no era la caja de sardinas que habían sido los U-Boote durante la II Guerra Mundial (no digamos ya la Gran Guerra), sigue siendo un espacio minúsculo para todos los que en él se mueven. Mucho más cuando se lleva a bordo militares y el objetivo es, para colmo, recoger más tripulación del destino ártico.

Sin duda alguna en esta parte de la trama tenemos la escena cumbre de la película, con el submarino intentando pasar por debajo de un bloque de hielo y alcanzar su destino. En efecto, el hecho de no poder ir por aire al objetivo, hace que la única manera de alcanzarlo sea por debajo del bloque de hielo, con la obligación de encontrar un agujero por donde colarse, o formarlo. De esta manera, llegados al momento clave, el intrépido capitán interpretado por Hudson intentará romper el bloque desde abajo, con el riesgo de poder dañar el sumergible.

Llegado el momento, tras varios intentos que provocan angustia y miedo entre la tripulación, se tomará la decisión de emplear torpedos para poder abrir el dichoso agujero. Imaginaros el panorama. La escena es la única de tensión a bordo del submarino porque, a diferencia de otros títulos submarinos con la Guerra Fría y una hipotética III Guerra Mundial en el horizonte, aquí no hay ningún conflicto bélico bajo el mar. Lo único que encontrarán en el camino es un buque mercante que intentan evitar para que no informen al Kremlin ni a la KGB de sus intenciones.

La escasez de escenas bélicas, reducidas a una escena final con escaramuza entre ambos bandos, ya fuera del mar, hace que como título submarino "Estación polar cebra" no pase a la historia. Sin embargo, fue uno de los grandes ejemplos del cine de submarinos nucleares durante largo tiempo. Se vio la vida a bordo de un submarino de esa especie, a pesar de que sólo se le dedicaba media película. La otra media tiene lugar en el Polo Norte, y es una trama abierta de espionaje, dónde se pretende hacer ver que nada es lo que parece, con sus giros.

Toca destacar que la película nos cuenta una historia lo suficientemente interesante para que la tensión pueda ir in crescendo en su tramo final, pero uno acaba con la sensación de que la gran pantalla no era lugar idóneo para el lucimiento de la trama. La novela de Alistair MacLean posiblemente se devore mejor entre páginas, dónde se puede masticar mucho mejor a los principales personajes y sus matices. No obstante, la escena cumbre a bordo del submarino, con un boikot a bordo que casi les hunde y la escena final con soviéticos y americanos disputándose la misión dejan en el espectador un buen regusto, y la sensación (posiblemente falsa) de haber estado contemplando algo más maravilloso, épico y magistral de lo que en realidad ha visto.

Escondiendo la realidad

Como buena historia de la Guerra Fría, toca destacar que nada es lo que parece. O no debe constatar en ningún sitio que en la Estación Polar Cebra hubiera algo que no fuera un rescate de civiles. De este modo, se nos muestra como colofón a la fiesta, como la partida en tablas (una más) entre los dos bloques queda escondida cara al público con una noticia falsa que muestra el ímpetu y el saber estar de ambos bandos que colaboraron estrechamente para el rescate de los civiles de la Estación Polar Cebra.

Crítica
John Sturges es un director como la copa de un pino. De esos que con buen presupuesto y mimbres sabía dar al público lo que quería. Lo demostró con el remake de "Los siete samurais" en esa notable "Los siete magníficos" y lo bordó con "La gran evasión", uno de los títulos cumbre del cine sobre la II Guerra Mundial. Por el camino, otros títulos reconocidos que supusieron buenos taquillazos como el ejemplo de "Estación Polar Cebra".

Aquí, no obstante, estamos ante un Sturges que empezaba a ver menguar su gran carrera. No estamos ante una gran película en casi ningún momento, pero sí ante un entretenimiento logrado, y con la suficiente espectacularidad como para mantenernos en vilo pese al excesivo metraje de 140 minutos (le recortaría 20, dejándolo en par de horas). El director sabe manejarse bien en dos terrenos tan diferentes como los que muestra la película. Primero, bajo el mar, con la trama submarina y consiguiendo la sensación de agobio y claustrofobia, sobretodo en la sala de torpedos. Y en segundo lugar sobre la superficie.

Ahí, uno no puede evitar acordarse de "La cosa" De John Carpenter, un título posterior. Pero la Banda Sonora del compositor Michel Legrand ("Los paraguas de Cherburgo") nos invita a pasar a cada uno de los territorios por los que pasa la película, y tras su aventurera composición marítima, nos mete de lleno a un tenebroso, oscuro y repleto de suspense frío ártico que nos deja literalmente helados. Las escenas al aire libre (a pesar de ser rodadas en decorados y cantar un poco en nuestros días) durante la tempestad generan en el espectador la tensión necesaria previa a que todo estalle (curiosamente, con la calma en el exterior).

El buen hacer de Sturges y la mencionada composición de Legrand, junto a un presupuesto bastante amplio para la época, hacen que el submarino de "Estación Polar Cebra", logre llegar a tan buen puerto como el de la película. Pero, al igual que ésta, nos deja la sensación de partida en tablas, de un proyecto que podía ser más goloso y con mayor chicha que lo que finalmente fue.

No sería la única vez que a Sturges le pasaría algo así. También en "Ha llegado el águila", su última producción, también basada en una novela, el entretenimiento es mayúsculo, pero la sensación que impera en quien se lee la obra, es que daba para mucho más que una producción demasiado encorsetada en los cánones hollywoodienses. Aquí, Rock Hudson no tiene el carisma que tenía McQueen en "La gran evasión", y a pesar del buen reparto, todos lo hacen bien, pero nada sobresale de la media. Entretenida producción submarina con el suspense de una III Guerra Mundial en el horizonte.

Nota: 6,5

Lo Mejor: La escena bajo el casquete polar y la Banda Sonora de Legrand.
Lo Peor: Que se le saca poco jugo a una trama bastante interesante.

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